Una fuente tenebrosa y misteriosa
Ante ella se alargaba el camino, que serpenteaba buscando las
primeras casas de la aldea, su paso cansino la delataba
desfallecida, no en vano llevaba caminando por aquellas solitarias
veredas, desde el amanecer, con paso apurado y cargada con los
regalos para sus padres y hermanos pequeños, que la esperaban con
ansia, después de un año sin verla.
Luisa, aún recuerda sus meses en la ciudad, sirviendo en casa de
unos tíos suyos, adinerados y acomodados a una vida, cosmopolita
lejos de la recóndita aldea que les vio nacer. La llamaron junto a
ellos para que al tiempo que les "servía", no supusiera una carga
para sus padres, unos labriegos, que tenían además de la joven y
bella Luisa, cinco hijos más, a los que alimentar, vestir y calzar,
con las apreturas, de un trabajo de agricultor, que sólo les servía
para subsistir, sin mas lujos, ni comodidades, por eso ella tenía
prisa.
Aceleró el paso buscando el recodo, detrás del Cerro de Los Olmos,
a la vera del camino, sabía que había una fuente, que manaba un agua
fresca y cantarina, con un dornajo adjunto para que pudieran beber
los animales de carga, y una piedra ya lisa que servía de banco a
caminantes y arrieros, a sus oídos llegaba ya el sonido de los
hilillos del agua, cayendo sobre la hiedra y el musgo que cubrían la
roca.
Exhausta dejó su hatillo sobre el banco, y con las manos en forma
de cuenco, sorbió con deleite aquel líquido frío que luchaba por
escapar entre sus apretado dedos, y que llenaban su boca, dejando
una sensación de saciedad y descanso, que hacía que la moza, no
reparará en el movimiento de unas ramas, ni escuchará el crujir de
los tallos de las hierbas ante el avance de unos sigilosos pasos.
Estaba humedeciendo su cuello, y el canalillo de sus pechos,
cuando su oído la alertó del ruido cercano, un sonido de pasos de un
ser humano, a la vez identificó un jadeo, una respiración apurada,
su instinto de protección animal, activó la autodefensa, agachándose
despacio cogió, su hatillo en una mano y en la otra una piedra.
Atónita, espero paciente a que las ramas dejarán ver al recién
llegado, petrificada, sin mover un solo músculo espero unos segundo
interminables, hasta que de repente una mujer con una tez pálida y
aspecto desaliñado, pero que aparentaba unos cuarenta años, se hizo
presente, al ver a una mujer, sus pulmones soltaron una expiración
de alivio, al tiempo que la piedra, que pensaba utilizar como arma,
cayó de su mano, para ir rodando, a pararse cerca de las arañada y
cicatrizadas piernas, de la descuidada señora.
-No temas moza, soy Luisa....¿y tú eres de por aquí?... preguntó la
pálida y esquelética mujer.
-Si señora, soy de la aldea, vengo de la ciudad a visitar a mis
padres y hermanos.
-Yo también...-dijo- la "aparecida"...pero me he parado un momento a
beber agua, que tenía mucha sed, y ahora me he perdido, ya no hay
camino ni se ve la aldea, y mi hatillo no lo encuentro, solo
recuerdo que me asusté al oír un ruido de pisadas...
CONTINUACIÓN...
DOS
HATILLOS
Luisa miró siguiendo el dedo índice que la desgarbada mujer, le
indicaba y que no era otro sino el lugar dónde ella misma había
dejado su petate. Llena de horror, comprobó que el bártulo ya no
estaba en su mano, al soltar la piedra no se había dado cuenta que
también había soltado, la tela que ataba las cuatro puntas del
mismo, equipaje valioso para ella que en su interior, transportaba
los regalos para sus padres hermanos, humildes presentes que
consistían en perfumes para ella y su madre, y sobre todo unos
pasteles y golosinas, para los críos.
Creyendo que la recién llegada le había sustraído el petate, se
encaró enfurecida con ella, al tiempo que se volvía a agachar,
para ayudar su mente y realzar su valor, y dar mas energía y firmeza
al elevado tono de su voz, con la tácita amenaza de una piedra en su
mano.
-Me da mi hatillo señora...-le
dijo-... con voz firme y levantando un poco su mano "empedrada".
-Yo no te he cogido nada, además tú no serás la que oí detrás de
esos arbustos, hace un
minuto, y ahora también falta mi hatillo...y suelta esa piedra como
ves, yo también tengo "una".
Luisa miró atónita hacia la figura, tan marchita que tenía delante,
y se horrorizó aún más al comprobar, como la ropa echa harapos que
tenía la recién llegada, eran una copia auténtica de sus vestidura,
pero con unos 30 años de uso. Llena de horror buscó con la mirada el
camino para echar a correr. pero sólo veía maleza, hierbas crecidas,
zarzas y arbustos que a modo de garras la habían atrapado, a ella y
a la extraña señora, que encima se llamaba como ella, y también
tenía una piedra como arma arrojadiza, en su mano derecha.
Bruja, es una bruja...-pensó
la joven-llena de horror, y sintiéndose indefensa, ante la
desagradable mujer, cambió de táctica, y desterró la idea de
atacarla, al tiempo que reconocía mentalmente, su posición de fuerza
ante ella, dónde iba a luchar contra una bruja, ella una indefensa
muchacha que sólo quería continuar su camino.
No me haga daño, por favor...sé que usted es una "bruja", le regalo
mis cosas, pero déjeme,
déjeme marchar, se lo suplico.-Echándose
al suelo y llorando- Luisa se rindió.
Al caer de rodillas sobre el barro y los canalillos de agua que
cantarina, corría por el suelo notó un olor fuerte, un aliento
asqueroso, un hedor a sudor repugnante, y unos pelos con varias
mechas de canas sin lavar hacía años, unos pelos acartonados, tiesos
que parecían mas una "corona" que una cabellera de mujer, su
repugnancia la paralizó, y sintió la necesidad de erguirse, para
alejarse unos metros de la "bruja"...dejó de llorar, y abrió los
ojos, para aterrorizada volverlos a cerrar de manera instintiva, con
la inútil pretensión de evitar mirar de cerca aquel rostro, tan
espantoso.
Era ella misma, se reconoció a si misma, en aquella cara, en
aquellos pelos tan pringosos, en aquella piel seca y arrugada, en
aquellos ojos verdes ahora tan hundidos...era ella...soy yo con
treinta años mas...pensó para sí, no podía ser, sólo se había
parado a beber agua, sólo había escuchado aquellos pasos pisando la
hierba, y ahora aparecía aquel ser de otra dimensión", que se
llamaba igual, que sentía igual miedo, por la figura que tenía
delante, y que también llevaba un HATILLO.
-Bruja asquerosa me has hechizado, -dijo
la joven- al tiempo que se erguía del barrizal, y comprobaba ahora
con los ojos abiertos como lunas llenas, que la "buena mujer",
también hacía lo mismo.
Retrocedió unos pasos, no importándole que las zarzas le arañaban
la espalda, necesitaba espacio, quería ganar un par de metros, para
extender su brazo, su mano aferró la piedra, para "sentirla", para
animarse a si misma, para que con la valentía de los animales
acorralados, tener un última oportunidad de defensa, lanzó con todas
sus fuerzas la piedra, hacia la cabeza de la mujer, que ahora se
había retrasado también la misma distancia, que ella había tomado
para apedrearla.
Un fuerte dolor en el rostro, la hizo sentir que algo duro y con
fuerza había impactado en su frente, un hilillo de un líquido
viscoso le tapó la visión de un ojo, y sólo pudo ver como su cuerpo,
ya no se apoyaban en sus piernas, sino que su cabeza se inclinaba
hacia atrás, para dejarle ver con el ojo que no tenia lleno de
sangre, un cielo azul tan cristalino que los rayos del Sol daban un
fulgor color añil pálido, con jirones de blanquecinas nubecillas
arremolinadas en torno al Sol, un Sol que ahora giraba, y cada vez
brillaba más pero ahora solo con una luz cegadora blanca, blanca
radiante, blanca hasta el punto de hacerle entrar en un apacible y
agradable sueño.
Ahora notaba el suelo, pero ya no estaba frío, ahora ya no veía,
ahora sentía, el agua seguía empapando la tierra, y las briznas de
hierbas, parecían que solo estaban allí para servirle de mullido
lecho, su mente luchaba por mandar órdenes a sus músculos, para que
sus piernas corrieran, para que sus brazos se movieran, pero ella
estaba allí inmóvil a merced de su conciencia, la cual le indicaba
que había perdido el sentido, y que sólo los último segundos de
actividad cerebral, le hacían ser consciente de que se moría.
Notó un dolor tan fuerte en la cabeza, que la despertó, abrió los
ojos, pero como se mareaba, los volvió a cerrar, pero en esas
milésimas de segundo, vio que estaba en su cama, en su cuarto de la
casa de sus padres, volvió a verlo todo blanco, palpó y sintió el
tacto de las sábanas, aspiró con fuerza el olor a cama limpia,
notaba el aroma de las margaritas que estaban en el florero a su
derecha en la mesita de noche....¡¡ ESTOY VIVA!!...¡¡ESTOY EN
CASA!!...-pensó llena de alivió, y se sintió plena de gozo
porque estaba en un sitio seguro.
-¿Estás mejor hija?...oír
con aquella dulzura de siempre la cariñosa voz de su madre,
terminaron por darle el mejor regalo de su vida, llena de felicidad
y sonriendo la miró, al tiempo que levantaba la mano, para acercar
el rostro de su madre, con la intención de besarla.
¿ Qué me ha pasado mamá?...-inquirió-al tiempo que recobraba
una postura mas erguida, con la ayuda de la almohada.
¿ No sabemos, te recogió El tío Honorio el arriero de Dos Encinas,
dijo que te encontró en la Fuente de Los Olmos, que estabas casi
muerta, con una herida en la cabeza, te montó en su mula, recogió
los "dos hatillos", y te trajo dónde nosotros.
¿Dos hatillooooossss?...-preguntó
alzando la voz, y buscando con la mirada llena de terror, los dos
objetos, que llenaban su recuerdo de horror, al tiempo que volvía a
sentir el pavor, que creía haber desterrado de su vida para siempre.
-Sí, si tus dos hatillos, los que traías contigo....míralos ahí
están...-siguió
con la mirada aterrada la dirección del dedo índice de su
madre-...sintió que volvía a desmayarse...solo abrió la boca, lleno
sus pulmones de aire para tener mas fuerza de voz, y un grito
desgarrador se sintió en todo el valle, un sonido sobrehumano que
sólo pudo decir...
-NOOOOO...DOS HATILLOS NOOOOOOOOOOOOOO.
FIN.