La cartomancia consiste en la
adivinación del futuro y del pasado, revelar la situación presente del
consultante, empleando una baraja compuesta por 78 naipes, esta baraja es
el tarot, y las cartas se dividen en arcanos, 22 arcanos
mayores y 56 arcanos menores. La palabra arcano proviene del latín "arcanum",
que significa secreto o misterio.
Los 22
arcanos mayores son los más usados en la práctica esotérica de
adivinación, están representados por una imagen llena de simbolismo.
Dependiendo del tipo de mazo, la imagen de estos arcanos serán uno u
otros, sin embargo, su simbolismo es siempre el mismo. Antiguamente, los
arcanos sólo mostraban la ilustración, con el tiempo se añadió el nombre
del arcano y el número romano correspondiente al lugar que ocupa la carta
en el mazo.
Los 56
arcanos menores están divididas en cuatro palos, coincidentes con los
de la baraja española: oros, copas, espadas y bastos. En cambio,
la numeración comienza con el As, siguiendo con el 2 hasta el 10,
y terminando, con la Sota, la Reina, el Rey y el
Caballero.
Los sujetos
de la cartomancia son el cartomante y el consultante. El
primero conoce el tarot, el significado de los arcanos y los juegos de
adivinación. El segundo es la persona que tiene una duda sobre su
destino, su situación presente, o su pasado, y acude al cartomante en
busca de una respuesta.
El
proceso de adivinación comienza con el establecimiento de un vínculo
entre el consultante y las cartas. Dependiendo del cartomante, puede
consistir en una acción u otra, cortar el mazo, mantenerlo entre las
manos durante un tiempo, o la concentración mental en los arcanos. Una
vez establecido dicho vinculo, el consultante revela su duda, es entonces
cuando comienzan a mostrarse los arcanos, y el cartomante empieza la
interpretación de su significado.
La veracidad
de la interpretación dependerá de la orientación de los arcanos, del
orden de sucesión de estos, de los conocimientos del cartomante, de los
datos personales que pueda tener sobre el consultante, y del tipo de
juego y consulta.
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La leyenda, el mito, o la realidad del
Hombre Pez de Liérganes, Cantabria
En el lugar de Liérganes,
cercano a la villa de Santander, vivía a mediados del siglo XVII el
matrimonio formado por Francisco de la Vega y María de Casar, que tenían
cuatro hijos. La mujer, al enviudar, mandó al segundo de ellos,
Francisco, a Bilbao, para que aprendiese el oficio de carpintero. Allí
vivía el joven Francisco cuando, la víspera del día de San Juan del año
1674, se fue a nadar con unos amigos al río. El joven se desnudó, entró
en el agua y se fue nadando río abajo, hasta perderse de vista. Según
parece, el muchacho era un excelente nadador y sus compañeros no
temieron por él hasta pasadas unas horas. Entonces, al ver que no
regresaba, le dieron por ahogado.
Cinco años más tarde, en 1679,
mientras unos pescadores faenaban en la bahía de Cádiz, se les apareció
un ser acuático extraño, con apariencia humana. Cuando se acercaron a él
para ver de qué se trataba, desapareció. La insólita aparición se repitió
por varios días, hasta que finalmente pudieron atraparlo, cebándolo con
pedazos de pan y cercándolo con las redes. Cuando lo subieron a cubierta
comprobaron con asombro que el extraño ser era un hombre joven,
corpulento, de tez pálida y cabello rojizo y ralo; las únicas
particularidades eran una cinta de escamas que descendía de la garganta
hasta el estómago, otra que cubría todo el espinazo, y unas uñas
gastadas, como corroídas por el salitre.
Los pescadores llevaron al
extraño sujeto al convento de San Francisco donde, después de conjurar a
los espíritus malignos que pudiera contener, le interrogaron en varios
idiomas sin obtener de él respuesta alguna. Al cabo de unos días, los
esfuerzos de los frailes en hacerlo hablar se vieron recompensados con
una palabra: "Liérganes". El suceso corrió de boca en boca, y nadie
encontraba explicación alguna al vocablo hasta que un mozo montañés, que
trabajaba en Cádiz, comentó que por sus tierras había un lugar que se
llamaba así. Don Domingo de la Cantolla, secretario del Santo Oficio de
la Inquisición, confirmó la existencia de Liérganes como un lugar cercano
a Santander, perteneciente al arzobispado de Burgos, y del cual él era
oriundo. De inmediato mandó noticia del hallazgo efectuado en Cádiz a sus
parientes, solicitando que informaran de si allí había ocurrido algún
suceso que pudiese tener conexión con el extraño sujeto que tenían en el
convento. De Liérganes respondieron que allí no había ocurrido nada
extraordinario fuera de la desaparición de Francisco de la Vega, hijo de
la viuda María de Casar, mientras nadaba en el río de Bilbao; pero que
esto había ocurrido cinco años atrás.
Esta respuesta excitó la
curiosidad de Juan Rosendo, fraile del convento, quien, deseoso de
comprobar si el joven sacado de la mar y Francisco de la Vega eran la
misma persona, se encaminó con él hacia Liérganes. Cuando llegaron al
monte que llaman de la Dehesa, a un cuarto de legua del pueblo, el
religioso mandó al joven a que se adelantara hasta allí. Así lo hizo su
silencioso acompañante, que se dirigió directamente hacia Liérganes, sin
errar una sola vez al camino; ya en el caserío, se encaminó sin dudar
hacia la casa de María de Casar. Ésta, en cuanto le vio, le reconoció
como su hijo Francisco, al igual que dos de sus hermanos que se hallaban
en casa.
El joven Francisco se quedó en
casa de su madre, donde vivía tranquilo, sin mostrar el menor interés por
nada ni por nadie. Siempre iba descalzo, y si no le daban ropa no se
vestía y andaba desnudo con absoluta indiferencia. No hablaba; sólo de
vez en cuando pronunciaba las palabras "tabaco", "pan" y "vino", pero sin
relación directa con el deseo de fumar o comer. Cuando comía lo hacía con
avidez, para luego pasarse cuatro o cinco días sin probar bocado. Era
dócil y servicial; si se le mandaba algún recado lo cumplía con
puntualidad, pero jamás mostraba entusiasmo por nada. Por todo ello se le
creía loco hasta que un buen día, al cabo de nueve años, desapareció de
nuevo en el mar sin que se supiera nunca más nada de él
Ritual para
aumentar la fortuna el trabajo y el dinero
Coloque en luna creciente o llena, detrás
de su puerta una flor amarilla,
no importa la clase sino el color, junto a una uva negra y un
imperdible, intente traspasar la flor y la uva con el imperdible, le ata
un hilo de coser e intente colgarlo de la mirilla, de una bisagra, etc, y
deje que la uva y la flor se vayan secando, cuando hayan pasado 15
días, el día de luna nueva, los retira y guarda envuelto en papel de
cebolla, dentro de cualquier cajón de cualquier mueble que no sea el
aseo, y no deje que otra persona que no sea usted , lo toque.
AUMENTARÁ SU SUERTE Y FORTUNA
Ritual de magia para la noche de las
brujas, ritual de la noche de San Juan, ritual mágico para la buena suerte
en lo que queda del año 2006
Cogemos una botella de cristal vacía, metemos
en ella una estampa de San Juan Bautista, escribimos una nota por
persona, (una por cada miembro de la familia por ejemplo) encendemos una
vela blanca, y otra verde, al mediodía o por la tarde, pero siempre que
haya luz solar, cuando se queme del todo, los restos de las ceras los
metemos dentro de la botella, junto con la estampa y las notas, y cuando
ya sea de noche y casi todas las hogueras estén encendidas la arrojamos
al mar, si en el lugar dónde vives no existiera, la puedes tirar a un río
¡¡OJO SIEMPRE QUE SEAN AGUAS QUE NO ESTÉN ESTANCADAS!!,
Si se tira a un lugar de aguas estancadas o
pestilentes o cloacas, el efecto del ritual será el contrario al deseado,
y la mala suerte podría rondarnos todo el año.
www.brujas.org,
informa que si desean otro tipo de rituales para la noche de San Juan